El ejemplo más destacado por su magnífica ubicación con vistas al Puente de las Cadenas es el Palacio Gresham. Proyectado en 1908 con estilo Art Nouveau propio de la época por Zsigmond Quittner y József Vagó para la compañía de seguros con sede en Londres, Gresham Life Assurance Company, esta obra de arte decorativo cuenta también con lujosas habitaciones.

Su variopinta historia, que incluso cuenta con un sórdido cabaret de preguerra, llegó a su fin en los años noventa. El grupo canadiense Four Seasons llegó entonces y, usando los planos originales, reconfiguró todo el edificio y lo convirtió en un hotel de lujo. Dos millones de mosaicos, intricadas vidrieras y una lámpara de araña tipo Preciosa dan la bienvenida al visitante en el vestíbulo, con una impresionante cafetería contigua, un restaurante de alta cocina y una coctelería de primera calidad. En la parte superior, destaca su spa panorámico.

Otra remodelación igualmente impresionante, más reciente pero también cerca del Danubio, es la del Párisi Udvar, que reabrió como parte de The Unbound Collection by Hyatt en 2019. Construido hace 200 años por Mihály Pollack como sede de un banco, el Párisi Udvar fue demolido casi por completo durante el rápido desarrollo urbano que vivió la ciudad en la década de 1890. En 1909, el arquitecto Henrik Schmahl inició la construcción de la Caja Central de Ahorros con cerámicas decorativas de Villeroy & Boch de Saarland.

Su interior de estilo morisco y gótico se utilizó más tarde como oficina central para la compañía de turismo estatal IBUSZ y como heladería. Este centro comercial cerró después, hasta que lo adquiriera el grupo Mellow Mood, encargado del hotel Buddha-Bar, en el adyacente palacio Klotild. En ese momento, los arquitectos del estudio Archikon se pusieron manos a la obra y reemplazaron la cerámica original de Villeroy & Boch por una nueva obra de arte propia de Budapest, con vidrieras de colores y madera de caoba, sin hablar ya del ilustre atrio del vestíbulo.

En el corazón del distrito VII, el Continental Hotel Budapest es otra de las reconversiones más impresionantes, en este caso, de los baños termales que había en este lugar desde los años veinte del pasado siglo. Su historia se remonta a hace más de un siglo, cuando el comerciante de seda András Gamperl encontró aguas ricas en minerales en este lugar. En 1827, abrió un spa, pero lo perdió todo en las inundaciones de 1838. Los lugareños crearon entonces los Baños Hungária añadiendo habitaciones, un vestíbulo con una piscina rodeada de columnas y una cúpula de cristal antes de dejar paso a los apartamentos art dèco.

Los elementos Art Nouveau también decoraron lo que fue, en este mismo lugar, un cine, y más tarde un teatro. Hoy día, esta joya del diseño de cuatro estrellas acoge un moderno spa, el conocido restaurante ARAZ y se ha completado con su original fachada que ha sido magistralmente reformada.

Dividido en cuatro alas (Clásica, Jazz, Ópera y Contemporánea), el premiado Hotel Aria situado junto a la Basílica, se toma muy en serio su temática musical y el suelo de su elegante salón del piano está decorado con extravagantes teclas de piano. En la parte superior, frente a la cúpula de la Basílica, el HighNote SkyBar sirve cócteles de temporada. El diseñador estrella Zoltán Varró hace un uso maravilloso del cristal de Murano y del enladrillado original del palacio del siglo XIX que hubo una vez en este lugar.

Varró también transformó la antigua Logia Masónica en el Mystery Hotel, con una historia que se remonta a 1886. Aquí se reunían los miembros de la importante Logia Simbólica de Hungría, con 11 000 miembros, entre los que se encontraban las personalidades más importantes de la Belle Époque. Antes de que cerrara definitivamente, durante la Primera Guerra Mundial, fue un hospital militar. Para Varró, el Gran Santuario de la cuarta planta que contaba con una iglesia, un taller y los tabiques, supuso un gran desafío en lo que respecta a su diseño y decoración. Aquí se reúnen ahora los huéspedes para merendar, debajo de la gran lámpara de araña. Por todas partes, las columnas dóricas dan un toque clásico a las ilusiones ópticas y los trampantojos con los que Varró fue salpicando este lujoso edificio de cinco estrellas.

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